Pablo Richard

Este artículo tiene su raíz en un seminario sobre “Apocalipsis y Crimen Transnacional Organizado” en  julio del 2014, en la diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco, México.  Ahora he vuelto a escribir un nuevo artículo a partir de experiencias recientes en El Salvador, México y Guatemala: 2015 - 2016. Nuestra referencia fundamental será ahora la  Exhortación Apostólica “Alegría del Evangelio” del Papa Francisco(números 52 - 60  y  186 – 216). Textos y comentarios.

Introducción

La violencia puede ser analizada en tres dimensiones:

1: los sujetos directamente responsables de la violencia

2: las estructuras que organizan la violencia

3: la racionalidad perversa que hace posible la violencia.

Hay un texto de Pablo de Tarso a los Efesios que distingue estos tres niveles:“Nuestra lucha no es fundamentalmente contra la carne y la sangre, tampoco es solo contra las potestades y autoridades, sino sobre todo contra  los poderes espirituales y trascendentes de la maldad” (Ef. 6, 10-20)

Ciertamente hay que analizar los sujetos (“la carne y la sangre”) y las estructuras de la  violencia ( “potestades y autoridades” ). Pero es necesario ir mas allá y más adentro hacia esos “poderes espirituales y trascendentes de la maldad”, que  hemos llamado la “racionalidad perversa que hace posible la violencia”.

La gente que ha sufrido en forma cruel y permanente la violencia, conoce quienes son los sujetos y las estructuras que la ejecutan, pero la pregunta que queda sin respuesta es siempre: “cómo es posible que esta violencia  cada día tenga más fuerza. Hay un “algo más” que no es tangible: una “racionalidad perversa”, “poderes espirituales y  trascendentes”.

“La exclusión de la población, la subversión y la destrucción de la naturaleza, todo esto no es producto de una  maldad, sino de una racionalidad perversa. Un malvado es capaz de matar a mil personas, pero termina fastidiado, y muchas veces sucumbe al suicidio. Pero alguien que opera con una razón instrumental, mata a millones y no tiene problemas. Tiene capacidad infinita de matar. Es la racionalidad de nuestra sociedad la que produce las irracionalidades”  (Hinkelammert: “Teología profana y pensamiento crítico”). 

Exhortación Apostólica

“Alegría del Evangelio” del Papa Francisco

“Algunos desafíos del mundo actual” (números 52 - 60 )

52: “…la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente…”

53.”Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

55. “Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: la negación de la primacía del ser humano. Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.”

56.” Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas.   A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. Cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.

57. “Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética –una ética no ideologizada– permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos».

58 ”Una reforma financiera que desconozca la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética “.

59.”Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. “

60. Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social.

75. No podemos ignorar que en las ciudades fácilmente se desarrollan el tráfico de drogas y de personas, el abuso y la explotación de menores, el abandono de ancianos y enfermos, varias formas de corrupción y de crimen.

“La dimensión social de la evangelización” (números 186-216)

100.La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual”.

202. “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales.”

204. “Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. “

210. “Es indispensable prestar atención para estar cerca de nuevas formas de pobreza donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente: los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados.  Los migrantes me plantean un desafío particular por ser Pastor de una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos.”

201. “Siempre me angustió la situación de los que son objeto de las diversas formas de trata de personas. En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda.   Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia.”

Fin citas del Papa Francisco.      

Reflexiones sobre estos textos del Papa Francisco.

Lo primero es definir que es el fetichismo o idolatría. El Papa habla del fetichismo del dinero, del mercado y de la economía en general. El fetichismo nace cuando las cosas se transforman en dios, y dios se transforma cosa. Dios no muere, se transforma en dinero. El oro es un metal precioso, pero se transforma en el dios del sistema económico. El oro es el dios del mercado.

El problema no es el ateísmo, sino la idolatría.  La pregunta fundamental no es si crees o no crees en Dios, sino en cual Dios crees. El Dios de la vida o el dios del mercado

La crisis económica es también una crisis antropológica, pués reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo. El fetichismo del dinero y del mercado es inhumano, crea esa economía que mata, un sistema asesino del ser humano.  Es este el fetichismo o idolatría, la fuerza perversa que da vida a la violencia  criminal organizada 

"La crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el ser humano es el ser supremo para el ser humano y, por consiguiente, en el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el ser humano sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable."  (Erich From: “Marx y su concepto del hombre” Fondo de Cultura Económica, p.230)    

Eso adquiere ahora el significado de un criterio de discernimiento de los dioses: la sentencia contra todos los dioses del cielo y de la tierra que no reconocen que el ser humano es el ser supremo para el ser humano.

A partir de esta primacía del ser humano, Francisco elabora un humanismo de la praxis, contrario a las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados, la especulación financiera, y la consecuente negación de los Estados, como los encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible.

Aparece un Dios en nombre de la primacía del ser humano. La filosofía hace “su propia sentencia en contra de todos los dioses del cielo y de la tierra, que no reconocen la autoconciencia humana. La sentencia no cae simplemente sobre todos los dioses, sino sobre aquellos dioses que no reconocen el ser humano como ser supremo para el ser humano.

Ni el mercado, ni el capital, ni el Estado, ni ninguna otra institución o ley, es el ser supremo para el ser humano. El ser humano mismo es este ser supremo. Por tanto, todos los dioses que declaran al mercado o al capital o al Estado o cualquier institución o ley como el ser supremo para el ser humano son dioses falsos, ídolos, o fetiches.

La política por tanto tiene que ser una política de humanización, no de comercialización. Eso incluye la humanización de la naturaleza que presupone el reconocimiento de la naturaleza como sujeto.

La sociedad capitalista pone al mercado, no el hombre,  como ser supremo para el ser humano. Esto lo hace hoy presente el neoliberalismo en la forma hasta ahora más extremista. Nuestros medios de comunicación y la gran mayoría de nuestros economistas muestran su desprecio del ser humano, al reducirlo a “capital humano”. Lo que distingue a las personas es nada más que la suma de dinero que dispone cada uno. Es todo un rito religioso.

Aparecen lugares sagrados donde se concentra  el culto a los dioses del mercado. Son especialmente los bancos, las grandes corporaciones y también muchos lugares eclesiásticos. Contienen inclusive una teología expresa, que es la teología de la mano invisible del mercado. Se trata de una fuerza mágica que, según los teóricos del mercado, asegura un funcionamiento perfecto del mercado, por el cual éste se autocorrige y se autorregula, de una manera tal, que siempre asegura, por el acto de su mágia, resultados óptimos, algo que ninguna intervención en los mercados podría  alcanzar y menos superar.

La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado. Francisco ve una situación de simple indiferencia que permite cometer los crímenes y genocidios más grandes, sin siquiera un reacción mínima frente a eso.  

Conclusión

El texto fundamental  que hemos citado es nuestros comentarios al documento “Alegría de Evangelio”  es el siguiente:

"La crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el ser humano es el ser supremo para el ser humano y, por consiguiente, en el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el ser humano sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable."

Este texto nos permite discerninir  entre el fetichismo o idolatría  del dinero y del mercado que mata y el Dios de la vida. Ya dijimos que el problema no es el ateísmo sino el fetichismo. El Dios de la vida se identifica totalmente con el humanismo que declara “el ser humano es el ser supremo para el ser humano”.     

El padre de la Iglesia San Irineo tiene un principio semejante:

“La gloria de Dios es el ser humano vivo

y la gloria del ser humano es la visión de Diós”

 (“Gloria Dei vivens homo, gloria autem hominis visio Dei”)

Mons. Romero solía decir: “La  gloria de Dios es el pobre vivo”

Hay una identificación entre las dos  definiciones:

“el ser humano es el ser supremo para el ser humano” y

“la gloria de Dios es el ser humano vivo”.

En ambos casos el problema no es el ateísmo, sino la idolatría.

Hay una misma praxis humanista donde el problema es el fetichismo:

cuando Dios se transformó en dinero, y cuando el oro se transformó en Dios. En ambos casos tenemos un fetichismo o idolatría que asesina al ser humano.

Esta  esta es la racionalidad perversa de la violencia, que da vida al Crimen Transnacional Organizado,  es el fetichismo o idolatría, que niega el ser humano como el ser supremo para el ser humano  o que niega al Dios de la vida cuya gloria es el ser humano vivo.

Una segunda conclusión la resumo en un texto bíblico, que es comentado en las Comunidades Eclesiales de Base, que conocen la violencia institucionalizada, que resisten y buscan alternativas.

El texto propuesto dice así:

“Viendo a la muchedumbre, Jesús subió al monte, se sentó

 y tomando la palabra les enseñaba diciendo:

 

Felices los pobres con Espíritu,

porque de ellos es el Reino de Dios.

 

Felices los humildes, porque ellos poseerán la tierra.

Felices los que lloran, porque ellos será consolados.

 

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los que tienen misericordia, porque ellos alcanzarán misericordia.

 

Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados Hijos de Dios.

 

Felices los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el Reino de Dios.”

Recomendamos también leer el Profeta Daniel, capítulos 2 y 7 y el Apocalipsis, especialmente a partir del  capítulo 12 hasta el fin.

Pablo Richard, San José, Costa Rica 28 de Abril 2016

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