La formulación de «conceptos límite» es un punto neurálgico de las ciencias sociales. En consecuencia, es necesario adelantar alguna reflexión sobre cómo estos surgen y su relación con la conceptualización del actuar social.

Para ello partamos de una distinción básica del positivismo moderno fundada en la teoría de la acción de Max Weber. Nos referimos a la descripción de la relación medio-fin a través de los dos tipos principales que Max Weber menciona: por una parte, la actuación de acuerdo con fines y, por otra, la actuación de acuerdo con valores.

Esta distinción de los móviles de la acción se hizo famosa y llegó a impregnar toda la ciencia social del siglo XX que entonces se interpretaba a través de esa dualidad. La ciencia social positivista pretende ubicarse en el plano de la actuación de acuerdo con fines y descarta la actuación de acuerdo con valores como posible objeto de sus análisis. Esto presupone que puede discutirse la primera de estas actuaciones sin aplicar a la vez un sistema de valores (tesis de la neutralidad valórica). En este sentido, el concepto es dualista y los valores, por definición, son externos a la actuación de acuerdo con fines. La ciencia social se presenta como axiológicamente neutra.

Este punto de vista que considera los valores como externos al análisis de la actuación de acuerdo con fines, es precisamente el que debemos refutar. Para la ciencia social positivista representa un dogma. Hay que demostrar que es un dogma vacío, una nueva falsa ideología.

¿Cómo concibe Max Weber la actuación de acuerdo con fines? No parte de la totalidad de los actos —muy al contrario de la teoría económica neoclásica y la sociología funcionalista— sino de actos considerados de manera aislada. Efectivamente, en relación con el acto social aislado se puede distinguir entre medio y fin. No es necesario mencionar ninguna totalidad circular que englobe el acto parcial. Por lo menos esa es la apariencia.

Veamos un sencillo ejemplo de acto parcial: la producción de zapatos por el zapatero. El zapato es el fin y los factores de producción, incluso el trabajo del artesano, son los medios (la economía neoclásica considera el trabajo como un factor más, al lado de los medios de producción). La relación entre ambos se encuentra claramente determinada. Se puede complicar un poco más el ejemplo suponiendo que el zapatero tiene la posibilidad de elegir entre diferentes medios alternativos para lograr el mismo fin, la producción de zapatos. Puede, por ejemplo, usar cuero de diferentes calidades, emplear mano de obra aprendiz o experimentada, etc. Esto no cambia el problema en su esencia.

La actuación de acuerdo con fines se presenta entonces con esta doble cara: a) diversos medios alternativos; b) un fin determinado. Según Max Weber, esta situación es el núcleo a partir del cual se desarrolla la ciencia social. La actuación de acuerdo con valores es externa a la relación medio-fin. Los valores se originan en un plano diferente —nadie sabe dónde y además no hace falta saberlo— e inciden de modo externo sobre la relación medio-fin. Pueden hacerlo excluyendo ciertas alternativas para lograr el mismo fin (por ejemplo, prohibiendo el trabajo infantil), o excluir determinados fines por razones de valores (zapatos de piel de animales en peligro de extinción).

Lionel Robbins, en su famoso artículo de 1932 (Ensayo sobre la naturaleza y el significado de la ciencia económica), agrega dos características a la formulación weberiana del problema: a) enfatiza el carácter escaso de los medios alternativos y, b) insiste en que los fines son dados, esto es, determinados fuera de la relación medio-fin misma.

Y con respecto a los valores, no se niega que estos existan ni que puedan tener importancia en las decisiones, pues de hecho, limitan las alternativas de los medios y fines; pero, son exteriores a la relación medio-fin y, por tanto al ámbito de la economía como ciencia positiva.

La problemática de este enfoque sale a la luz en cuanto el análisis científico va más allá del estudio aislado de la relación entre un fin y diferentes medios. En realidad, el fin de un actor es siempre y a la vez un medio para otro. Quien elige fines determina los medios que otros pueden buscar para sus propios fines. El zapato es el fin del zapatero y es también medio para el consumidor, y el consumo en general es un fin de la producción y, a la vez, un medio para la reunión de factores de producción. Así, si pasamos del análisis del acto aislado a la interdependencia circular de todos los actos, desaparece por completo la distinción medio-fin. Cada fin es medio y cada medio es fin.

Esta es la reflexión que partiendo del concepto weberiano de actuación de acuerdo con fines destruye ese mismo concepto reemplazándolo por una «totalidad circular» dentro de la cual la diferencia entre medios y fines es una articulación tautológica del mismo tipo que la diferencia producción-consumo en el modelo keynesiano, insumo-producto en el modelo de Leontief, oferta-demanda en el modelo neoclásico o, para ser más explícitos, gastos-ingresos en la contabilidad empresarial.

Ahora, ¿por qué hace falta pasar del plano del acto aislado a la formulación de una totalidad circular medio-fin-medio? La contestación, en el fondo, es sencilla. La división social del trabajo crea la interdependencia total de todos los actos y también impone la necesidad de investigarlos en su interdependencia. La división del trabajo en cuanto objeto básico de las ciencias sociales determina la especificidad de estas y exige el uso de una lógica (dialéctica, compleja) de la interdependencia. Este es un problema metodológico fundamental que la ciencia social positivista evita discutir. Por ejemplo, Parsons hablaba de la conveniencia de no partir del acto parcial sino más bien de la estructura status-rol. Pero no es un problema de conveniencia, sino de necesidad. Más aún, es un problema cuya investigación destruiría la metodología positivista en sus mismas raíces.

Veamos ahora el problema de la formulación de mecanismos de funcionamiento perfecto («concepto límite»). Partimos de la articulación de la totalidad social; articulación que, en términos generales, describimos por la relación medio-fin-medio. En las teorías económicas y sociológicas más concretas la relación medio-fin se traduce en términos de consumo-inversión, ingreso-gasto o de rol-expectativas y gratificación, etc. Pero luego se procede con una especie de cálculo infinitesimal del circuito medio-fin. Para llegar a un modelo límite, podríamos suponer que no hay ningún tipo de actuación de acuerdo con valores, tal como lo concibe Max Weber. Entonces se eligen siempre los medios más eficaces para alcanzar cada fin y se escogen los fines según la conveniencia individual. No hay valores que limiten la organización de la producción ni necesidades que limiten el consumo. Sólo hay "función de producción" y "preferencias". Es el modelo del concepto límite que introduce necesariamente los supuestos que permiten concebirlo. El modelo de la competencia perfecta, el modelo de la planificación racional, el modelo funcionalista del equilibrio integrado, el modelo de equilibrio general competitivo, etc., tendrían ese carácter. En última instancia, este tipo de "paso al límite" requiere supuestos trascendentales que podemos denominar, siguiendo a Marx, división del trabajo voluntaria y a priori, o, en el lenguaje de la economía, movilidad absoluta de los factores y previsión perfecta. Pero este es otro punto que luego hay que abordar.

Por ahora debemos preguntarnos: ¿en realidad se excluyen todos los valores en esta aproximación/reducción, o sólo ciertos valores –los valores del bien común? Si el trabajo infantil no está prohibido; si no hay regulación ecológica alguna sobre el uso de la tierra, de los recursos naturales o de los residuos y contaminantes; si la contratación y el despido de trabajadores/as por parte de los empresarios es "libre", etc., etc.; entonces ciertamente se podría maximizar el circuito económico en el plazo inmediato (aunque eso no sea sostenible a la larga); pero esta «máxima eficiencia» es ciertamente un valor que se impone sobre todos los demás. Y si los medios alternativos se consideran escasos, esta «escasez» ¿es un simple hecho físico, o se refiere a conductas sociales, a orientaciones de la acción ancladas en la sociedad?

Estos y otros valores están implícitos en la formulación de tales conceptos límite de optimización. Se parte de reglas o normas explícitas que hagan posible el funcionamiento de una economía capitalista, como la propiedad privada, el trabajo "libre" y el intercambio no forzoso de objetos, para llegar, necesariamente, a la intromisión de estos valores por lo general implícitos: la igualdad formal, el intercambio voluntario entre individuos propietarios, el respeto de la propiedad privada y de los contratos, la máxima eficiencia, la disciplina en el trabajo, la escasez como conducta y, en general, la ética funcional del mercado. No hay tal neutralidad valórica de la ciencia, ni siquiera en la «economía pura».

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